EVANGELIO DEL DIA ¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68
jueves 05 Noviembre 2009 Jueves de la Trigésimoprimera semana del Tiempo Ordinario
Hoy la Iglesia celebra : San Zacarías e Isabel, Santa Silvia, Fiesta de las Sagradas Reliquias, Beato Guido Maria Conforti, Benedicto XVI:«teología del corazón»
Ver el comentario abajo, o clic en el titulo Ludolfo de Sajonia : Ven a buscar la oveja perdida
Carta de San Pablo a los Romanos 14,7-12. --------------------------------------------- Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí. Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor. Porque Cristo murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos. Entonces, ¿Con qué derecho juzgas a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? Todos, en efecto, tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios, porque está escrito: Juro que toda rodilla se doblará ante mí y toda lengua dará gloria a Dios, dice el Señor. Por lo tanto, cada uno de nosotros tendrá que rendir cuenta de sí mismo a Dios.
Salmo 27,1.4.13-14. --------------------------------------------- De David. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo. Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor.
Evangelio según San Lucas 15,1-10. --------------------------------------------- Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos". Jesús les dijo entonces esta parábola: "Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido". Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse". Y les dijo también: "Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido". Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte".
Ludolfo de Sajonia (hacia 1300-1378), dominico, después cartujo en Estrasburgo Oraciones a Jesucristo, CLD
Ven a buscar la oveja perdida
Señor Jesucristo, para enseñarnos lo más elevado de las virtudes has subido al monte con tus discípulos, les has enseñado las Bienaventuranzas y las virtudes sublimes, prometiéndoles las recompensas propias a cada uno. Concede a mi fragilidad escuchar tu voz, aplicarme, por su práctica, a adquirir el mérito de las virtudes, a fin de que por tu gran misericordia obtenga la recompensa prometida. Haz que, considerando el salario, no rechace el esfuerzo del trabajo. Haz que la esperanza de la salvación eterna me dulcifique la amargura del remedio inflamando mi alma con el esplendor de tu obra. Señor, de miserable como soy haz de mí un bienaventurado; por tu gracia condúceme de la felicidad de aquí abajo, a la felicidad de la patria.
Ven, Señor Jesús, a buscar a tu servidor, a buscar a tu oveja errante y extenuada. Ven, Esposo de la Iglesia, a buscar la dracma perdida. Ven, Padre de misericordia, a recibir al hijo pródigo que vuelve a ti. Ven pues, Señor, porque sólo tú puedes llamar de nuevo a la oveja que se extravia, encontrar la dracma perdida, reconciliar al hijo fugitivo. ¡Ven, a fin de que haya salvación en la tierra y gozo en el cielo! Conviérteme a ti y dame poder llevar una verdadera penitencia para que yo sea ocasión de gozo para los ángeles. ¡Dulcísimo Jesús, te lo ruego, por la inmensidad de tu amor hacia mí, pecador, que te ame sólo a ti, por encima de todo, que sólo sea consolado por ti, mi dulcísimo Dios!
"Cristo no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores…a nosotros." Autor: P Clemente González | Fuente: Catholic.net
La predicación del Señor atraía por su sencillez y por sus exigencias de entrega y amor. Los fariseos le tenían envidia porque la gente se iba tras Él. Esa actitud farisaica puede repetirse entre los cristianos: una dureza de juicio tal que no acepte que un pecador pueda convertirse y ser santo; o una ceguera de mente que impida reconocer el bien que hacen los demás y alegrarse de ello.
Prostitutas, enfermos, mendigos, maleantes, pecadores. Cristo no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores, y por eso, fue signo de contradicción. Llegó rompiendo esquemas, escandalizando, amando hasta el extremo. Jesús se rodeaba de los sedientos de Dios, de los que estaban perdidos y buscaban al Buen Pastor. Esto no significa que el Señor no estime la perseverancia de los justos, sino que aquí se destaca el gozo de Dios y de los bienaventurados ante el pecador que se convierte, que se había perdido y vuelve al hogar. Es una clara llamada al arrepentimiento ya . Otra caída… y ¡qué caída!… No te desesperes, no: humíllate y acude, por María, al Amor Misericordioso de Jesús. ¡Arriba ese corazón! A comenzar de nuevo.