El pelagianismo afirmaba que el hombre nacía en un estado de pureza en el cual no había mancha alguna. El hombre aprendía de su entorno a hacer el bien o el mal. El pecado no era parte del hombre, sino que era algo que se aprendía. Capacitado con la posibilidad de hacer el bien o el mal, el hombre, decía Pelagio, era capaz de llegar a la perfección espiritual.
Niegan las verdades bíblicas necesarias para la salvación de los hombres. Sin embargo, el pelagianismo no se fue. Esta doctrina fue suavizada por los teólogos de la Edad Media y se llegó a una doctrina semi-pelagiana.
Esta es la doctrina de la iglesia católica romana con respecto a la capacidad humana con respecto a su salvación. Los romanistas argumentaban básicamente que verdaderamente el hombre era un pecador y que era esclavo del mal, sin embargo, tenía la capacidad por sí mismo de buscar a Dios para salvación.
A pesar de ser otra herejía, el semi-pelagianismo, o una forma de ella, ha sido adoptada por la iglesia. Cuántos creyentes afirman que el hombre tiene la capacidad de colaborar con Dios para su salvación? Cuántos de ustedes tienen conocidos o familiares que dicen, sin saberlo, ser sinergistas? La mayoría.
El problema con estas doctrinas es que no están basadas en las verdades que Dios nos ha revelado acerca de la naturaleza humana, sino que se han originado en la mente humana. Todos los hombres tienen una religión, y esta religión es el humanismo. Todos los hombres, desde los más jóvenes hasta los más viejos, exceptuando a los que han sido regenerados por el Espíritu Santo y han visto la verdad del evangelio, son humanistas. Ellos creen que el hombre es el centro del universo y que tiene la capacidad de hacer lo que le venga en gana.
Nadie, ni siquiera Dios tiene la potestad de inmiscuirse en las decisiones de los hombres. Dios como Creador y soberano no tiene el derecho de hacer con su creación lo que a Él le plazca (ver Daniel 4: 35). Dios le dio a todos los hombres una voluntad o libre albedrío con el cual los hombres pueden escoger amarle o rechazarle. Esto no es menos que pelagianismo. Al fin de cuentas el hombre no es tan malo como para no poder buscar a Dios (ver Salmo 53; Romanos 3: 9-12).
Muchos lideres enseñan que la ley de Dios fue dada a Moisés para que los israelitas las siguieran al pie de la letra. Si la cumplían entonces heredarían las promesas de Dios, pero si no lo hacían, entonces, morirían. Pero, no es esto lo que nos enseña la Biblia? (ver Deuteronomio y Levítico).
Lamento decirles que esto no fue así. La Ley de Dios no fue dada con esa intención. La Biblia nos dice que Dios le dio una Ley a Adán (ver Génesis) y éste la quebrantó. Esto le produjo la muerte. Cuál muerte? Física? No. Adán ciertamente moriría algún día (de edad de casi mil años), pero su muerto no fue sino espiritual. Adán, al pecar en contra de Dios, murió espiritualmente. Se vendió voluntariamente en esclavitud al pecado (Juan 8: 34). Y así sumió a toda su descendencia en esa misma esclavitud (ver Romanos 5). Es por ello que la Biblia dice que todos los hombres pecan (1 Reyes 8: 46), que están muertos espiritualmente (Efesios 2: 1-3), y que por lo tanto son enemigos del Dios Viviente (Romanos 5: 10).
Ustedes creen que Dios no sabía este estado espiritual del hombre? No dice Dios que el vio desde los cielos buscando tan sólo un justo, y no pudo encontrarlo (Salmo 53 y Génesis 6)? Si Dios sabía que el hombre era incapaz de obedecer sus leyes a la perfección por ser un cadáver espiritual, cómo entonces iba a dar una ley que debía ser cumplida?
La respuesta es que no fue esa la intención de la Ley. Es más, la Biblia dice que la Ley de Dios fue grabada por el mismo en el corazón de todos los hombres (ver Romanos 2). La intención de Dios al dar Su santa Ley a Israel fue la de mostrarles que Él era Su Rey y soberano. Cuando un rey tomaba a un pueblo como su vasallo, le dictaba una ley, para que supieran que ese pueblo era ahora suyo.
Dios, entonces les muestra Su carácter. Dios es Santo, Justo, Perfecto. Y así lo es Su Ley. Ella refleja el carácter divino. Pero es un error creer que Dios esperaba que los israelitas debían obedecer esa ley. Él sabía perfectamente el verdadero estado espiritual de los israelitas. Se podía decir de ellos que, “no hay justo, ni aún uno.” (ver Salmo 53: 1-4, Romanos 3: 9-12).
Entonces, sabiendo esto, con que otro fin quiso Dios dar Su Ley? La Biblia dice que la ley es un ayo. Cómo así? Pablo le escribe a los gálatas lo siguiente, “De manera que la ley ha sido nuestro tutor para llevarnos a Cristo, para que seamos justificados por la fe” (Gálatas 3: 24). La palabra en griego que se traduce tutor o ayo es παιδαγωγός (paidagōgos). Esa es la misma palabra de donde obtenemos nosotros pedagogía, la cual en ese contexto quiere decir “ayo; alguien que le enseña a otro; o que le cuida con enseñanzas.”
Ese era el propósito de la Ley, esto es, guiar a los hombres a Cristo. Alguien puede preguntar: Pero, si Cristo no había nacido para la época en la que fue dada la Ley a Moisés? Ciertamente! Pero ya Cristo había sido predicado, primero por Dios mismo en el protoevangelio (ver Génesis 3: 15); y luego a través de muchas sombras. Los israelitas conocían la promesa que Dios le había dado a Abraham acerca de un descendiente que bendeciría a todas las naciones.
Dios no podía dar otra Ley. No podía adaptarla a la pecaminosidad del hombre. Aún sabiendo la incapacidad espiritual humana, Él no podía bajar los requerimientos de la Ley. Porqué? Porque esa Ley reflejaba lo que Él era. La Ley mostraba a los israelitas el carácter verdadero de Dios. La Ley no tenía el sentido de mero requerimientos u obligaciones que los hombres debieran cumplir, sino que le mostraba a Israel lo lejos que estaban de ese Dios tres veces Santo. Si Dios era perfecto, ellos eran imperfectos. Si Dios era infinitamente Santo, ellos eran pecadores, malignos, depravados. Si Dios era Justo, ellos eran totalmente injustos.
Dios quería que ellos se vieran en ese espejo que Dios les dio. Dios, conociendo la depravación espiritual de los hombres, incluyendo a los israelitas, sabía la tendencia que existe de compararnos con otros hombres. Es decir, cuando yo me comparo con Hitler podría decir que no soy tan malo. Pero cuando me comparo con la medida de Dios, estoy totalmente perdido. La Ley era y es un espejo. En él Dios pretende que los hombres se vean a sí mismos y reaccionen.
Cuando un hombre mira la Ley lo único que debe sentir es desesperación. Dios dijo que aquellos que estuvieran lejos de ese estándar serían condenados al infierno. Cuál hombre que haya nacido de un hombre y una mujer ha podido cumplir esa Ley divina? Absolutamente nadie. Cuál es la respuesta correcta a la Ley? Terror!
La Ley no puede servir para justificar a nadie, no porque ésta sea mala, sino porque el hombre tiene un corazón de piedra, y por estar muerto espiritualmente no puede cumplirla a la perfección. Entonces, qué es lo que salvará a un hombre de la ira de Dios? El mismo Pablo, en su epístola a los gálatas les dice que la ley sirve como, “tutor para llevarnos a Cristo, para que seamos justificados por la fe.”